LADRAN, LUEGO CABALGO.
¡Cuán enorme es tu desgracia!.
Saliste a la
calle
Con gesto altanero
La mirada agresiva, prepotente
Y un rictus de desprecio
Provocador, desafiante
Buscando a un enemigo.
No lo hallaste.
Lo fabricaste en tu mente
Y los gestos se tornaron actos
El rictus, en palabras malsonantes
Hasta conseguir ver imaginada
La imagen del enemigo
Inventado, persiguiéndote.
De regreso a la
casa sola y fría
Lloras con amargura y rabia
La persecución frustrada
La irreal persecución
... (ver texto completo)