Día Internacional de la Paz
Cada 21 de septiembre se celebra el Día Internacional de la Paz, una fecha establecida por las Naciones Unidas para fortalecer los ideales de paz. Para 2026, el llamado es especialmente poderoso: “Invertir en la paz: para todos, en todas partes y todos los días”.
La ONU nos recuerda que la paz no es solamente la ausencia de guerra; también se construye en nuestras comunidades, en nuestras relaciones y en las pequeñas decisiones cotidianas. El mundo parece muy grande para cambiar, así que antes de intentar cambiar el mundo, hay un territorio que necesita ser pacificado: su propio mundo interior.
Ese espacio íntimo donde viven sus pensamientos, sus emociones, sus miedos, sus recuerdos, sus expectativas y también sus sueños. La paz interior no significa que usted nunca tenga problemas, que todo le salga bien o que deje de sentir tristeza, enojo o incertidumbre. Significa algo mucho más sutil: encontrar dentro de usted un lugar desde donde pueda observar lo que sucede sin convertirse completamente en aquello que está sucediendo.
Cuando dejamos la reactividad automática, aparece una enorme posibilidad. La paz es un estado desde el cual es posible crear. Cuando se vive permanentemente en miedo, enojo, preocupación o desesperación, todo parece una amenaza, una urgencia o un problema que debe resolverse inmediatamente. En cambio, cuando consigue hacer silencio, respirar y recuperar cierta serenidad, aparece espacio. Y donde existe espacio, puede aparecer una nueva idea, una respuesta diferente, una posibilidad que antes no podía ver.
La paz es un sutil estado de conciencia, que nos permite resiliencia y posibilidad. Puede crear una conversación diferente, una relación diferente, una decisión diferente, un proyecto diferente; puede incluso comenzar a imaginar un mundo distinto. Cada vez que usted decide no responder con violencia a una provocación, está haciendo una pequeña gran creación de paz en el mundo.
Desde una perspectiva espiritual, podríamos decir que existe dentro de cada ser humano una dimensión más profunda que sus miedos, sus condicionamientos y sus historias. Puede llamarla Dios, conciencia, divinidad interior, amor, fuente, energía creadora o simplemente ese lugar silencioso que aparece cuando usted vuelve a sí mismo.
Desde allí no necesita mirar al mundo únicamente desde la división: “yo contra usted”, “nosotros contra ellos”, “los buenos contra los malos”. Puede comenzar a observar desde una conciencia más neutral, es decir, sin permitir que el miedo, el odio o el resentimiento decidan por usted.
Cuando usted reconoce su propia divinidad interior, también puede reconocer que la vida del otro tiene un valor igual de divino. Entonces la paz deja de ser solamente una palabra bonita y comienza a convertirse en una manera de estar en el mundo.
Las Naciones Unidas, este 2026, nos invitan a ser los “arquitectos cotidianos de la paz”: personas que, desde sus entornos, sus barrios, sus aulas y sus espacios de convivencia, realizan acciones concretas para construir paz. Recordemos que el mundo que deseamos ver afuera también necesita comenzar a ser cultivado adentro.
Preguntémonos: ¿qué puedo hacer hoy para que exista un poco más de paz donde yo estoy? La paz no es quedarse inmóvil. La paz es recuperar el centro desde el cual puede actuar con claridad. Es fuerza desde el poder interior.
Es conciencia. Y quizá esa sea una de las mayores inversiones que podemos hacer por el futuro: invertir en seres humanos capaces de crear desde la paz y no desde el miedo. Escoger la unidad, en lugar de lo que nos divide con odio.
Que cada uno encontremos dentro de sí ese espacio luminoso donde comienza la creación. Que podamos llevar esa luz a nuestras palabras, a nuestras familias, a nuestro país y a nuestras decisiones. Amor, paz y luz por y en el mundo. Comenzando por nuestro mundo interno.
Cada 21 de septiembre se celebra el Día Internacional de la Paz, una fecha establecida por las Naciones Unidas para fortalecer los ideales de paz. Para 2026, el llamado es especialmente poderoso: “Invertir en la paz: para todos, en todas partes y todos los días”.
La ONU nos recuerda que la paz no es solamente la ausencia de guerra; también se construye en nuestras comunidades, en nuestras relaciones y en las pequeñas decisiones cotidianas. El mundo parece muy grande para cambiar, así que antes de intentar cambiar el mundo, hay un territorio que necesita ser pacificado: su propio mundo interior.
Ese espacio íntimo donde viven sus pensamientos, sus emociones, sus miedos, sus recuerdos, sus expectativas y también sus sueños. La paz interior no significa que usted nunca tenga problemas, que todo le salga bien o que deje de sentir tristeza, enojo o incertidumbre. Significa algo mucho más sutil: encontrar dentro de usted un lugar desde donde pueda observar lo que sucede sin convertirse completamente en aquello que está sucediendo.
Cuando dejamos la reactividad automática, aparece una enorme posibilidad. La paz es un estado desde el cual es posible crear. Cuando se vive permanentemente en miedo, enojo, preocupación o desesperación, todo parece una amenaza, una urgencia o un problema que debe resolverse inmediatamente. En cambio, cuando consigue hacer silencio, respirar y recuperar cierta serenidad, aparece espacio. Y donde existe espacio, puede aparecer una nueva idea, una respuesta diferente, una posibilidad que antes no podía ver.
La paz es un sutil estado de conciencia, que nos permite resiliencia y posibilidad. Puede crear una conversación diferente, una relación diferente, una decisión diferente, un proyecto diferente; puede incluso comenzar a imaginar un mundo distinto. Cada vez que usted decide no responder con violencia a una provocación, está haciendo una pequeña gran creación de paz en el mundo.
Desde una perspectiva espiritual, podríamos decir que existe dentro de cada ser humano una dimensión más profunda que sus miedos, sus condicionamientos y sus historias. Puede llamarla Dios, conciencia, divinidad interior, amor, fuente, energía creadora o simplemente ese lugar silencioso que aparece cuando usted vuelve a sí mismo.
Desde allí no necesita mirar al mundo únicamente desde la división: “yo contra usted”, “nosotros contra ellos”, “los buenos contra los malos”. Puede comenzar a observar desde una conciencia más neutral, es decir, sin permitir que el miedo, el odio o el resentimiento decidan por usted.
Cuando usted reconoce su propia divinidad interior, también puede reconocer que la vida del otro tiene un valor igual de divino. Entonces la paz deja de ser solamente una palabra bonita y comienza a convertirse en una manera de estar en el mundo.
Las Naciones Unidas, este 2026, nos invitan a ser los “arquitectos cotidianos de la paz”: personas que, desde sus entornos, sus barrios, sus aulas y sus espacios de convivencia, realizan acciones concretas para construir paz. Recordemos que el mundo que deseamos ver afuera también necesita comenzar a ser cultivado adentro.
Preguntémonos: ¿qué puedo hacer hoy para que exista un poco más de paz donde yo estoy? La paz no es quedarse inmóvil. La paz es recuperar el centro desde el cual puede actuar con claridad. Es fuerza desde el poder interior.
Es conciencia. Y quizá esa sea una de las mayores inversiones que podemos hacer por el futuro: invertir en seres humanos capaces de crear desde la paz y no desde el miedo. Escoger la unidad, en lugar de lo que nos divide con odio.
Que cada uno encontremos dentro de sí ese espacio luminoso donde comienza la creación. Que podamos llevar esa luz a nuestras palabras, a nuestras familias, a nuestro país y a nuestras decisiones. Amor, paz y luz por y en el mundo. Comenzando por nuestro mundo interno.