Los fertilizantes acaban con la vida de los suelos y contaminan el medio ambiente. Y cuando se levanta la cosecha, la degradación es tan grave que muchas veces no se pueden volver a abonar y hay que dejarlos regenerar naturalmente, aunque en algunos casos el daño es tan grave que esto requiere muchísimos años. A ello hay que sumarle que la mala gestión hídrica y el calentamiento global están potenciando la desertificación a nivel mundial.