- ¡Se ha ido! ¡La muchacha se ha ido! -cacareó la bruja- Tu pajarito cantor ha volado. Jamás volverás a verla.
Entonces arrojó al príncipe por la
ventana. El
joven cayó entre los arbustos; las afiladas espinas le arañaron los ojos y le cegaron. Tambaleándose, se alejó por entre los
árboles.