El príncipe jamás había oído una voz tan dulce y tan suave. Detuvo su caballo y se paró a escuchar. Buscó la puerta de la torre, pero no pudo encontrarla, y se fue a caballo. Pero volvió al día siguiente, y al otro, y al otro… Se sentía tan atraído por aquella voz que decidió averiguar quién cantaba.