Levantó al perro con cuidado y lo colocó sobre el delantal de la bruja, y el animal le lamió la cara y le miró con sus enormes ojos. El soldado comprobó que el baúl estaba repleto de monedas de cobre, y luego volvió a colocar al perro sobre la tapa del baúl. Estaba impaciente por llegar a la segunda puerta.