Hasta entonces no había sido conveniente deshacerse de él, porque su hijo tomaría el relevo y era un contrincante más temible que aquel pobre loco que accedía a todo. Pero, muerto el príncipe, ya no necesitaban mantenerlo a él con vida. En ese sentido se expresa el embajador de Milán: “El rey Eduardo ha optado por no prolongar más el cautiverio del rey Enrique… Muertos el príncipe su hijo y el conde de Warwick, así como todos aquellos partidarios suyos que tenían alguna fuerza, hizo asesinar secretamente al rey en la Torre, donde se encontraba prisionero. Ha optado, en definitiva, por cortar de raíz”.