A raíz de la pérdida de Burdeos, Enrique comenzó a dar muestras de desequilibrio mental. Durante más de un año la enfermedad se apoderó de él haciendo que no fuera consciente de nada de cuanto ocurría a su alrededor, ni siquiera del nacimiento de su hijo y heredero, el príncipe Eduardo. Es posible que Enrique hubiera heredado la enfermedad de su abuelo materno, Carlos VI de Francia, quien durante los últimos treinta años de vida se vio asaltado por periodos intermitentes de locura.