ALCONCHEL DE LA ESTRELLA: ......

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Pienso que, cuanto más pequeños son los ríos, más parecen tener ese indefinible atributo que en el mundo caracteriza a ciertas personas: la virtud de despertar el interés con su sola presencia y su modo de conducirse...

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La zona más deslumbrante de una ciudad o un pueblo es aquella que atraviesan las aguas de un río. Un ejemplo lo tenemos en nuestra querida Cuenca.
Los ociosos suelen elegir un puente como lugar de meditación siempre que les es posible; y, a falta de puente, se les puede ver sentados al borde mismo de un muelle o un malecón balanceando las piernas sobre el agua...

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Pero el verdadero modo de conocer un pequeño río no se reduce a echarle una ojeada a lo largo de un presuroso viaje, ni encontrarlo después del parcial deterioro causado por un contacto demasiado estrecho con la obra del hombre. Para conocerlo bien, se recomienda adentrarse en sus rincones, y seguir poco a poco su curso...

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Es esencial dejarse conducir con placer; aceptar al río como guía, filósofo y amigo, porque él puede enseñarnos mejor que ningún otro maestro, la forma en que la naturaleza nos brinda sus encantos de color y música.
A medida que cae el crepúsculo y el aire se va llenando de de traslúcidos inscetos que ejecutan su última danza en el aire del día, la voz del pequeño río va haciéndose más sonora y distinta...

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En esa hora mística se oye el más celestial de todos los cantos del pájaro, el gorjeo del tordo. A veces, y no con mucha frecuencia, se ve al ave canora mientras derrama toda la dulzura de su corazón en una prolongada cadencia flída, de limpias notas ondulantes, con altibajos que van dejando un eco de interminables curvas melódicas...

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Pero no es solamente la vida de las aves y las flores lo que los pequeños ríos no ofrecen. Muchas veces nos inducen a familiarizarnos con la naturaleza humana despojada de aderezos, a gozar del placer de vestirnos con ropas viejas o sin ninguna en absoluto. Y, como las "pequeñas costumbres" del hombre son generalmente más interesantes que su gran estilo social, cuando éste se encuentra desapercibido se nos revela más claramente que cuando actúa ante el público...

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Uno de los textos más interesantes escrito por Charles Darwin es este pasaje de una carta a su mujer: "Me quedé dormido sobre la hierba, y desperté rodeado de un coro de pajarillos que trinaban a mi alrededor, de ardillas que subían por el tronco de un árbol y de algunos pájaros carpinteros que me recibían con sus risas. Era aquélla una escena tan placentera y bucólica como jama´s había visto"...

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Tampoco es necesario que todo hombre o mujer sea o haga algo grande en su vida; la mayoría de nosotros hemos de contentarnos con desempeñar minúsculos papeles de "coristas". Incluso aquellos a quienes el destino abruma achándoles sobre los hombros las obligaciones de la grandeza no cometerán ningún error si de vez en cuando dejan de lado esa carga, y se congratulan de no ser completamente responsables de la conducta del universo...

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Creo que hay muchas ocasiones en que nos tomamos con excesiva seriedad a nosotros mismos y al resto del mundo. Que la mitad del desasosiego de la sociedad moderna proviene de una falsa idea de que cada hombre debe ser un crítico de la vida, que no debemos dejar que pase un día sin descubrir algún defecto en el orden general de la existencia o sin idear algún plan para mejorar la situación...

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La otra mitad tiene por causa el egoísta concepto de que la vida del hombre consiste en aquello que posee, y que en cierto modo es más respetable estar siempre trabajando para vivir mejor que tumbarse a la orilla de las serenas aguas y dar gracias a Dios por el mero hecho de vivir...

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Los pequeños ríos tienen pequeñas responsabilidades. No se espera de ellos que provean de cien mil cabllos de vapor a una monstruosa ciudad. Basta con que se deslicen y mantengan el verdor de los sotos y los campos de su vega. Cuando nos metemos en un pequeño riachuelo para explorar, no lo hacemos con la intención de descubrir grandes tesoros ni de buscar sensacionales aventuras...

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Simplemente nos limitamos a mecernos blandamente, si esto es posible, agua abajo sin mayores ambiciones que llegar a recorrer unos metros hasta llegar a un acogedor terreno donde acampar y pasar unas gratas horas...
Respuestas ya existentes para el anterior mensaje:
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Este es un placentero estado de ánimo para quien ha cumplido rectamente su misión en el mundo; y acaso no haya ningún otro en el cual el espíritu pueda comparecer mejor ante el juicio del Cielo.

(Para mis compañeras de "baño" de hace más de 50 años, en la Fuente Murcia)