Para mí, el mar resulta demasiado grande y azaroso para poder amar plenamente. Por su parte la montaña es muda e imperturbable; y su grandiosidad, creo que a muchos de nosotros nos hace sentirnos a veces más solitarios...
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Los árboles parecen estar más próximos a nuestras vidas. Con frecuencia echan sus raíces en nuestros más queridos sentimientos, y nuestros recuerdos más dulces, como las aves, hacen nidos en sus ramas. No obstante, si tuviese que invitar a un amigo a compartir mis oraciones o deambular sola para experimentar el deleite de la reposada meditación, mis pies no me llevarían a un árbol, sino a la orilla de un río...
Los árboles parecen estar más próximos a nuestras vidas. Con frecuencia echan sus raíces en nuestros más queridos sentimientos, y nuestros recuerdos más dulces, como las aves, hacen nidos en sus ramas. No obstante, si tuviese que invitar a un amigo a compartir mis oraciones o deambular sola para experimentar el deleite de la reposada meditación, mis pies no me llevarían a un árbol, sino a la orilla de un río...
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Al lado de un río la reflexión encuentra un amable compañero, y el contacto humano se purifica con el susurro de las cantarinas y cristalinas aguas. Es precisamente al lado de un río el lugar que yo escogería para gozar del amor puro, evocar viejas amistades, como los de "la quinta del 49", jugar con mi nieto, huir de vanos deseos y lavar el alma y el espíritu de todas esas falsas y alocadas cosas que enturbian la alegría de vivir...
Al lado de un río la reflexión encuentra un amable compañero, y el contacto humano se purifica con el susurro de las cantarinas y cristalinas aguas. Es precisamente al lado de un río el lugar que yo escogería para gozar del amor puro, evocar viejas amistades, como los de "la quinta del 49", jugar con mi nieto, huir de vanos deseos y lavar el alma y el espíritu de todas esas falsas y alocadas cosas que enturbian la alegría de vivir...
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Pensándolo detenidamente, se puede llegar a la conclusión de que la vida de un río, como la de un ser humano, consiste en el maridaje de cuerpo y alma, del agua y la ribera. La una complementa a la otra. Así, la corriente moldea y forma la orilla, haciendo aquí un entrante, más allá un recodo; atrae muy cerca de sus márgenes a los pequeños arbustos y dobla los altos y finos árboles sobre su caudal...
Pensándolo detenidamente, se puede llegar a la conclusión de que la vida de un río, como la de un ser humano, consiste en el maridaje de cuerpo y alma, del agua y la ribera. La una complementa a la otra. Así, la corriente moldea y forma la orilla, haciendo aquí un entrante, más allá un recodo; atrae muy cerca de sus márgenes a los pequeños arbustos y dobla los altos y finos árboles sobre su caudal...
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