(Seguimos con la ranita)...
Llegó la ranita a California en una caja forrada interiormente de plomo, y de creer a sus encargados, las radiactividad de esta rana era tal que se la veía resplandecer en la oscuridad. La comisión nombrada para que fuese a comprobar el fenómeno cuando anocheciese, cogió tal borrachera que su informe pecó de incoherente y falto de claridad...
Llegó la ranita a California en una caja forrada interiormente de plomo, y de creer a sus encargados, las radiactividad de esta rana era tal que se la veía resplandecer en la oscuridad. La comisión nombrada para que fuese a comprobar el fenómeno cuando anocheciese, cogió tal borrachera que su informe pecó de incoherente y falto de claridad...
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La competidora africana parecía también una rana de cuidado. "Esas ranas de África son pura dinamita", observó sentenciosamente un veterano aficionado al deporte de las saltadoras...
La competidora africana parecía también una rana de cuidado. "Esas ranas de África son pura dinamita", observó sentenciosamente un veterano aficionado al deporte de las saltadoras...
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Los directores del ranesco concurso trajeron a cuento la sorpresa que se llevaron en 1950 con una rana de África. Aquel año, alguien había inscrito una diminuta rana arborícola. "El cuerpo tendría cinco centímetros de largo, y las ancas el doble del cuerpo. Pero lo más curioso era el hocico, largo y puntiagudo", comentó un ranófilo...
Los directores del ranesco concurso trajeron a cuento la sorpresa que se llevaron en 1950 con una rana de África. Aquel año, alguien había inscrito una diminuta rana arborícola. "El cuerpo tendría cinco centímetros de largo, y las ancas el doble del cuerpo. Pero lo más curioso era el hocico, largo y puntiagudo", comentó un ranófilo...
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En las preliminares de aquel año la ranita africana saltó ocho metros y 53 centímetros, casi el doble de la marca mundial alcanzada hasta aquella fecha. Pero en la prueba definitiva, a la hora de salir del punto de partida, se quedó quieta y parpadeante. Si a los quince segundos no saltaba, habría que descalificarla. De pronto, a los dieciocho segundos saltó, ¡y de qué manera! Salvó de un solo salto nueve metros y 75 centímetros...
En las preliminares de aquel año la ranita africana saltó ocho metros y 53 centímetros, casi el doble de la marca mundial alcanzada hasta aquella fecha. Pero en la prueba definitiva, a la hora de salir del punto de partida, se quedó quieta y parpadeante. Si a los quince segundos no saltaba, habría que descalificarla. De pronto, a los dieciocho segundos saltó, ¡y de qué manera! Salvó de un solo salto nueve metros y 75 centímetros...
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Aunque de nada le valió esa tardía hazaña, en el ánimo de todos los espectadores quedó el convencimiento de que las ranas estadounidenses habían estado a tres segundos de la más humillante de las derrotas...
Aunque de nada le valió esa tardía hazaña, en el ánimo de todos los espectadores quedó el convencimiento de que las ranas estadounidenses habían estado a tres segundos de la más humillante de las derrotas...
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De ahí que, después de lo ocurrido en 1950, la sola mención de ranas africanas bastase para causar general desasosiego.
"Ya sabéis cuál es el reglamento -dijo con voz potente el administrador de la feria y "alcalde de Ranópolis"-. Tres saltos desde el punto de partida, ¡y cuidado con tocar a la rana una vez que haya comenzado a saltar! La distancia se medirá desde el punto de partida hasta el sitio en que caiga la rana al terminar el tercer salto"...
De ahí que, después de lo ocurrido en 1950, la sola mención de ranas africanas bastase para causar general desasosiego.
"Ya sabéis cuál es el reglamento -dijo con voz potente el administrador de la feria y "alcalde de Ranópolis"-. Tres saltos desde el punto de partida, ¡y cuidado con tocar a la rana una vez que haya comenzado a saltar! La distancia se medirá desde el punto de partida hasta el sitio en que caiga la rana al terminar el tercer salto"...
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Nada más sencillo... si no se tratase de un animal tan caprichoso como la rana. En las competiciones de ranas saltadoras jamás sabe uno a qué atenerse. Habrá veces en que la rana salte en encontradas direcciones, para acabar volviendo al punto de partida. Otras en que dé tres míseros saltitos (que cuentan para la calificación) y, tomando luego impulso para un gran slato (que ya no cuenta), vaya a caer estrepitosamente en el bombo situado a dos metros de distancia...
Nada más sencillo... si no se tratase de un animal tan caprichoso como la rana. En las competiciones de ranas saltadoras jamás sabe uno a qué atenerse. Habrá veces en que la rana salte en encontradas direcciones, para acabar volviendo al punto de partida. Otras en que dé tres míseros saltitos (que cuentan para la calificación) y, tomando luego impulso para un gran slato (que ya no cuenta), vaya a caer estrepitosamente en el bombo situado a dos metros de distancia...
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Hay que advertir, sin embargo, que el empaque reposado, propio de un ser satisfecho de sí mismo, con que se ofrece a nuestra vista la rana, se parce mucho al de un respetable banquero entrado en años...
Hay que advertir, sin embargo, que el empaque reposado, propio de un ser satisfecho de sí mismo, con que se ofrece a nuestra vista la rana, se parce mucho al de un respetable banquero entrado en años...
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A todo esto, el elemento humano del espectáculo, esto es, los encargados de las ranas saltadoras, olvidándose por completo de la urbanidad, se disponen a aplicar todos sus conocimientos acerca del arte de animar al batracio durante la prueba...
A todo esto, el elemento humano del espectáculo, esto es, los encargados de las ranas saltadoras, olvidándose por completo de la urbanidad, se disponen a aplicar todos sus conocimientos acerca del arte de animar al batracio durante la prueba...
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La salida de las saltadoras ocasiona estruendosas explosiones. No bien colocan a la rana en el punto de partida, el respectivo encargado empieza a der palmadas en el suelo, a zapatear, silbar, gritar, hacerle cosquillas en la papada, y saltar él mismo, procurando en todo momento permenecer lo más cerca posible del objeto de todas estas afanosas demostraciones...
La salida de las saltadoras ocasiona estruendosas explosiones. No bien colocan a la rana en el punto de partida, el respectivo encargado empieza a der palmadas en el suelo, a zapatear, silbar, gritar, hacerle cosquillas en la papada, y saltar él mismo, procurando en todo momento permenecer lo más cerca posible del objeto de todas estas afanosas demostraciones...
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Entre los encargados hay personas de diversa edad y condición: hombres maduros, rubias chiquillas y rubias mayorcitas ataviadas con pantalones algo ceñidos...
Entre los encargados hay personas de diversa edad y condición: hombres maduros, rubias chiquillas y rubias mayorcitas ataviadas con pantalones algo ceñidos...
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