¡Ven aquí, muchacha, y no corras aunque ya sea la hora! ¿No entiendes que si corres y tropiezas, además de coger una liebre te vas a "espampanar"? (Luego se queja de que le duele la espalda) ¡El alma, el alma te va a doler algún día, hermosa! Y mira tú que se lo tengo dicho; pero ná, ni caso, como el que ve llover...