El sepulcro vacío. (Mt 28, 1-10; Lc 24, 1-11; Jn 20, 1-2) Una vez que pasó el sábado, María la Magdalena, María, la de Santiago, y Salomé compraron perfumes para ir a ungirlo. Y el primer día de la semana, muy temprano, apenas salido el sol, se dirigieron al sepulcro. Se iban diciendo unas a otras: ¿Quién nos removerá la piedra del sepulcro? Pero al mirar con atención, notaron que estaba ya apartada la piedra -que era en verdad enormemente grande. Al entrar en el sepulcro vieron a un joven sentado en la parte derecha vistiendo una túnica blanca, y se atemorizaron. El les dijo: No tengáis miedo. Buscáis a Jesús el Nazareno, el Crucificado. Resucitó, no está aquí. Este es el lugar donde le pusieron. Pero vosotras id a decir a sus discípulos, sobre todo a Pedro, que él irá delante de vosotros a Galilea. Allí le veréis, como os dejó dicho. Ellas huyeron del sepulcro, pues las invadió el miedo y el estupor. Y a causa del temor no dijeron nada a nadie.