Sepultura de Jesús. (Mt, 27, 57-61; Lc 23, 5o-56; Jn 19, 38-42)
Al atardecer, y por ser Parasceve, es decir, víspera de sábado, José de Arimatea, distinguido miembro del Sanedrín y que también esperaba el reino de Dios, se llegó valientemente a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús. Pero Pilato se extrañó de que ya hubiera muerto; y haciendo venir al centurión, le preguntó si efectivamente había muerto ya. E informado por el centurión, tuvo a bien conceder el cadáver a José. Este, habiendo comprado una sábana y bajándolo de la cruz, lo envolvió en la sábana y lo colocó en un sepulcro que estaba excavado en peña, y rodó una piedra hasta cubrir la puerta del mismo. María la Magdalena y María la madre de José, observaban dónde lo ponían.
Al atardecer, y por ser Parasceve, es decir, víspera de sábado, José de Arimatea, distinguido miembro del Sanedrín y que también esperaba el reino de Dios, se llegó valientemente a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús. Pero Pilato se extrañó de que ya hubiera muerto; y haciendo venir al centurión, le preguntó si efectivamente había muerto ya. E informado por el centurión, tuvo a bien conceder el cadáver a José. Este, habiendo comprado una sábana y bajándolo de la cruz, lo envolvió en la sábana y lo colocó en un sepulcro que estaba excavado en peña, y rodó una piedra hasta cubrir la puerta del mismo. María la Magdalena y María la madre de José, observaban dónde lo ponían.