UN LIBRO QUE CASI NADIE LEE.
Al igual que los dramas de Shakespeare, los diálogos de Platón, El Quijote y tantas otras obras clásicas, la Biblia hace sentir a muchos un cierto remordimiento; nos decimos y repetimos que deberíamos haberla leído, pero siempre sabemos aducir toda clase de excusas más o menos válidas por no haberlo hecho. Para empezar, sólo ver el grueso y pesado tomo nos quita el ánimo. Pero, naturalmente, hay otras muchas razones. Una de ellas es que la Biblia no sólo presenta un aspecto aburrido, sino que además, tiene partes que son aburridas.
Hay ocasiones en que los frofetas son de una prolijidad que raya en la pesadez, y todos parecen decir las mismas cosas. Luego hay pasajes sobre los que el mismo Moisés tiene que haber dado cabezadas, como los seis largos capítulos del Éxodo que describen el Templo y sus materiales y adornos punto por punto, hasta la forma y composición de las cortinas...
Al igual que los dramas de Shakespeare, los diálogos de Platón, El Quijote y tantas otras obras clásicas, la Biblia hace sentir a muchos un cierto remordimiento; nos decimos y repetimos que deberíamos haberla leído, pero siempre sabemos aducir toda clase de excusas más o menos válidas por no haberlo hecho. Para empezar, sólo ver el grueso y pesado tomo nos quita el ánimo. Pero, naturalmente, hay otras muchas razones. Una de ellas es que la Biblia no sólo presenta un aspecto aburrido, sino que además, tiene partes que son aburridas.
Hay ocasiones en que los frofetas son de una prolijidad que raya en la pesadez, y todos parecen decir las mismas cosas. Luego hay pasajes sobre los que el mismo Moisés tiene que haber dado cabezadas, como los seis largos capítulos del Éxodo que describen el Templo y sus materiales y adornos punto por punto, hasta la forma y composición de las cortinas...
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