Salir de la pequeña muerte de la anestesia es un lento proceso de reconstrucción, en el cual cada señal que llega por el ojo y por el oído se va acomodando junto a otra, hasta que surge un perfil de consciencia. Es como si se encendieran velitas en los rincones de una habitación desconocida y oscura. No hay recuerdo ni anticipación, ni consciencia del yo: sólo buerbujas de sensación, como manchas de color salpicando una niebla blanca.