Encuentro a los caballos tan bien parecidos como los cuervos, más delicados que un colibrí, menos eficaces que una bicicleta rota y mucho más caros que una amante, dijo una vez un amigo mío.
El caballo, -nos decía-, como alguno debéis saber, es un animal que, si se le deja ante el pesebre, comerá hasta reventar, y si está acalorado bebe hasta que no puede más; nos explicaba también que, tienen los nervios demasiado sensibles, y que son los más histéricos de entre todos los animales.
Los que le escuchábamos reíamos incrédulos, cuando nos decía que para ser un animal tan grande, cualquier papel que revolotease, un ratón, una correa suelta, una lata de cerveza, o el reflejo de una pequeña luz, bastaba para atemorizarlo. Dejamos de reir cuando nos dijo que ese mismo animal enorme y cobarde, que se encabrita ante la envoltura del papel de un caramelo, era capaz, en un violento ataque de locura, de volverse contra el hombre para darle un mordisco o una coz...
El caballo, -nos decía-, como alguno debéis saber, es un animal que, si se le deja ante el pesebre, comerá hasta reventar, y si está acalorado bebe hasta que no puede más; nos explicaba también que, tienen los nervios demasiado sensibles, y que son los más histéricos de entre todos los animales.
Los que le escuchábamos reíamos incrédulos, cuando nos decía que para ser un animal tan grande, cualquier papel que revolotease, un ratón, una correa suelta, una lata de cerveza, o el reflejo de una pequeña luz, bastaba para atemorizarlo. Dejamos de reir cuando nos dijo que ese mismo animal enorme y cobarde, que se encabrita ante la envoltura del papel de un caramelo, era capaz, en un violento ataque de locura, de volverse contra el hombre para darle un mordisco o una coz...