".. Pareció calmarse un poco y encendió un cigarrillo. Fumó mirando al vacío, envuelto en el humo y en sus propios pensamientos. Yo, entretanto, no dije nada; tan sólo me senté en un sillón cercano, crucé las piernas y esperé. Cuando acabó el pitillo se incorporó brevemente para apagarlo en el cenicero. Y, desde esa posición, alzó por fin la vista y me habló"
El tiempo entre costuras.
María Dueñas. pág. 432
El tiempo entre costuras.
María Dueñas. pág. 432