Buscaron durante todo el día. dando saltos entre los matorrales. Pero a pesar de que muchas criaturas le habían visto o habían oído el repiqueteo de su chirriante canto, “cliki-ti-cloc, cliki-ti-cloc”. acababa siempre de irse cuando llegaba el canguro. Así pues, tras beber
agua en un charco, encontró en la
roca un
refugio donde cobijarse durante la
noche.