--Ahora mismo voy a acabar con esto
--se dijo Alicia para sus adentros, y añadió en alta voz
--: ¡Será mejor que no lo repitáis! Estas palabras produjeron otro silencio de muerte. Alicia advirtió, con cierta sorpresa, que las piedrecillas se estaban transformando en pastas de té, allí en el suelo, y una brillante idea acudió de inmediato a su cabeza.
«Si como una de estas pastas», pensó, «seguro que producirá algún cambio en mi estatura.
Y, como no existe posibilidad alguna de que me haga todavía
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