Agonía en el huerto de los Olivos (Mt 26,36-46; Lc 22, 39-46)
Llegaron a un lugar llamado Getsemaní, y dijo Jesús a sus discípulos: Setaos aquí mientras yo hago oración. Y tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan. Entonces comenzó a sentir espanto y a angustiarse mucho. Y les dijo: Mi alma siente una tristeza mortal; estaos aquí velando. Y adelantándose un poco, cayó en tierra y pedía que, en cuanto fuese posible, pasase de él aquella hora. Decía: ¡Abba! Padre, todas las cosas son posibles para
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Muerte de Jesús (Mt 27, 45-56; Jn 19, 28-30)
... Y hacia el mediodía se cubrió la tierra de una oscuridad que se prolongó hasta eso de las tres. Y a esta hora exclamó Jesús con voz potente: Elí, Eloí, lamma sabatini, que significa: Dios mía, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? Y algunos de los que estaban allí, que le oyeron, decían: Invoca a Elías. Entonces uno se apresuró a ofrecerle de beber con una esponja que empapó en vinagre y que puso en una caña, diciéndole al mismo tiempo: ¡Dejadko! Vamos a ver si viene Elías a bajarlo. Pero Jesús, lanzando un fuerte grito, expiró. El velo del templo se rasgó de arriba a abajo en dos partes. El centurión, que estaba frente a Jesús, al ver el modo como había muerto, dijo: Realmente este hombre era el Hijo de Dios. Se hallaban también algunas mujeres observando desde lejos; entre ellas estaban María la Magdalena; María la madre de Santiago el Menor y de José; y Salomé, las cuales le habían seguido y prestado sus servivios cuando él estaba en Galilea; y otras muchas que habían subido con él hasta Jerusalén.
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