ALCONCHEL DE LA ESTRELLA (Cuenca)

Serie rosas y flores
Foto enviada por Gabriel

Su mujer se sintió mucho mejor después de comer la hierba. Pero al día siguiente quiso más.
Esperó la caída de la noche y trepó por el muro para entrar en el jardín de la bruja. Con el corazón encogido, miró alrededor. No había nadie. Encontró la

melisa, arrancó una brizna y volvió corriendo a casa.
“La vieja bruja no me hará nada malo”, pensó.
El marido tenía mucho miedo, pero estaba dispuesto a cualquier cosa para que su mujer sanara.
Tráeme un poco de esa hierba llamada melisa que crece en el jardín de la bruja -susurró ella- Eso hará que me ponga bien.
-Por favor -le pidió- dime qué puedo darte. Debe haber algo que pueda curarte.
Todos los días, su marido le traía manjares deliciosos, pero ella ni siquiera los tocaba.
Un día la mujer enfermó. Tuvo que guardar cama y perdió el apetito.
El matrimonio vivía al lado de un hermoso jardín rodeado de un muro muy alto. El jardín era de una bruja malvada; nunca se había atrevido nadie a entrar en él, por temor a que la bruja los hechizara. Una ventana de la casa del matrimonio daba al jardín. La mujer solía asomarse para contemplar las maravillosas hierbas y árboles de la bruja con flores de poderes mágicos.
Melisa

Hace mucho, muchísimo tiempo, en una tierra salvaje y peligrosa vivía un hombre con su mujer. Anhelaban tener un hijo y esperaban con paciencia año tras año. Un día, por fin, la mujer anunció a su marido que iba a tener un bebé.
Tina vio alejarse la bici espacial con la que Miguel se perdía en la noche.

En un segundo, estuvo a cien metros. En dos segundos, había subido un kilómetro. Y un minuto más tarde seguía subiendo...

Al fin, Miguel encontró el interruptor y la bicicleta se detuvo. Miró hacia abajo por primera vez.

Colgada en la oscuridad divisó una pequeña bola verde y azul. "Qué color más raro para una pelota de tenis", pensó.

Pero no era una pelota. ¡Era la Tierra! Se veían claramente Africa y la India. ... (ver texto completo)
Era demasiado tarde...

Al apretar Miguel el botón, se oyó un ruido sordo debajo del sillín y los cohetes se pusieron en marcha.

- ¡Has de apretar el interruptor para desconectarlos!

— ¿Dónde está?

Pero antes de que Tina pudiera responder, sonó una explosión y de la parte trasera de la bici se escapó una llamarada de color púrpura.
... (ver texto completo)
— ¡Pero si lo llevas puesto!

De vez en cuando el casco soltaba como un leve silbido.

—Es el oxígeno -dijo Tina.

Miguel llevaba también un reluciente traje espacial, con grandes bolsillos para las provisiones. Montó de un salto en la bici, listo para lanzarse a pedalear.

Primero avanzó vacilante en una dirección... luego en la otra. ¡Al fin lo consiguió!
... (ver texto completo)
la bici de miguel

Muy sigilosamente, Miguel ayudó a Tina a transportar la bici escaleras abajo hasta el jardín. ' ¡Menuda sorpresa tendrían mamá y papá si me vieran ahora!", pensó él.

Cuando salieron al jardín, iluminado por la Luna, Tina saltó sobre el rayo del espacio y salió disparada.

— ¡Mírame, Miguel! ¡Qué divertido es pedalear en esta bicicleta espacial!

Miguel estaba impaciente por montar en ella y cuando Tina se bajó, saltó sobre el rayo del espacio y exclamó:
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Asombrado, Miguel la miró, boquiabierto, y se cayó de la cama. Allí mismo, en su cuarto, estaba la bici en tamaño natural... y la chica del póster en carne y hueso.

— ¿Quién eres tú? —preguntó Miguel, hecho un lío.

—Me llamo Tina y soy una ciclista del espacio.

¡Vamos a dar una vuelta!