Tina vio alejarse la bici espacial con la que Miguel se perdía en la
noche.
En un segundo, estuvo a cien metros. En dos segundos, había subido un kilómetro. Y un minuto más tarde seguía subiendo...
Al fin, Miguel encontró el interruptor y la
bicicleta se detuvo. Miró hacia abajo por primera vez.
Colgada en la oscuridad divisó una pequeña bola verde y azul. "Qué
color más raro para una pelota de tenis", pensó.
Pero no era una pelota. ¡Era la Tierra! Se veían claramente Africa y la
India.
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