ALCONCHEL DE LA ESTRELLA (Cuenca)

Serie rosas y flores
Foto enviada por Gabriel

“Así que esto es lo que debo hacer para saber quién canta”, pensó el príncipe.
El príncipe vio caer la trenza de la muchacha y cómo la bruja subía por ella a la torre. r- *
- ¡Melisa, Melisa, tírame la trenza! -gritó la bruja.
Un día, mientras el príncipe estaba escuchando, vino la bruja. El joven se escondió detrás de un árbol y esperó a ver qué pasaba.
El príncipe jamás había oído una voz tan dulce y tan suave. Detuvo su caballo y se paró a escuchar. Buscó la puerta de la torre, pero no pudo encontrarla, y se fue a caballo. Pero volvió al día siguiente, y al otro, y al otro… Se sentía tan atraído por aquella voz que decidió averiguar quién cantaba.
Un día, un príncipe que cabalgaba por el bosque se perdió y pasó junto a

Melisa estaba aislada del mundo. Todos se olvidaron de ella. La única persona a la que veía era a la vieja bruja, que iba a visitarla todos los días para llevarle comida. Se detenía bajo la torre v la llamaba:

la torre de Melisa. La oyó cantar; solía hacerlo para no sentirse sola.
Entonces Melisa soltaba su trenza y se la arrojaba a la bruja, que trepaba por ella utilizándola como una cuerda.
- ¡Melisa, Melisa, tírame la trenza!
Algunos meses más tarde, el matrimonio tuvo una niña. El mismísimo día en que nació, apareció la bruja. Ellos le imploraron que les dejara su hija, pero la bruja no les hizo caso. -La llamaré Melisa -se burló cruelmente. Recogió el bebé en su capa y se lo llevó. Melisa creció y se transformó en una niña muy hermosa. Tenía unos ojos color violeta y una cabellera de oro, muy larga, que llevaba recogida en una gruesa trenza. A! cumplir doce años, la bruja se la llevó a un bosque oscuro y sombrío y la ... (ver texto completo)
El hombre estaba tan desesperado que accedió, y volvió corriendo junto a su mujer.
-Muy bien, puedes llevártela -respondió la bruja-, pero con una condición. A cambio de la melisa, deberás darme tu primer hijo.
-Perdóname -suplicó el hombre-Mi esposa está muy enferma y morirá si no le llevo esta hierba.
- ¡Ladrón! -chilló-. ¡Maldito seas! ¡Cómo te atreves a venir a mi jardín a robarme mis plantas!
Así que esa noche, muy tarde, su marido volvió a franquear el muro del jardín. Justo cuando arrancaba la hierba, apareció la bruja.
-Por favor-imploró a su marido-. Si no me traes más melisa, moriré.