Permite, Señora,
Que yo vaya en pos,
Siguiendo tus pasos
Al templo de Dios.
Bendita obediencia
Y humilde oración,
Y en uno enlazados
Pureza y amor.
Mas ya lo comprendo,
Que vas al Señor
A dar de virtudes
Riquísimo don.
Pues no, no te obliga
La ley de rigor,
Que Tú eres la Madre
Del sumo Hacedor.
Y llevas al pecho
¡Divino favor!
Colgada la prenda
Que vida nos dio.
Y al mundo le diste
Sin ay, ni dolor,
Cual brota de mayo
La cándida flor,
Y el Dueño del orbe
Prendado de amor, Albergue en tu seno
Dulcísimo halló,
La saña divina
Y antiguo rigor
En paz y clemencia,
Por Ti se trocó.
Placer inefable
Al punto que vio
Tu rostro gracioso
El cielo gozó.
A Ti de la mancha
De Adán pecador,
A Ti sólo quiso
Librar el Señor.
Bendito el instante
Que Dios te crió:
Bendita la hora
Que el mundo te vio.
Decid a esta Virgen
Con santo fervor,
Al aire soltando
La plácida voz:
¿A qué vas al templo
Del Rey Salomón,
Y tórtolas llevas
De pardo color?
LA PRESENTACIÓN EN EL TEMPLO
Hermosa doncella,
Delicia de Dios,
¿A dónde caminas
Con paso veloz?
Que enfermedades puede tener?
A pesar de su pequeño tamaño y aspecto delicado son bastante resistentes, si bien pueden ser afectadas por el frío excesivo o el aire fuerte que repercute en enfermedades intestinales o
respiratorias.