Tengo una
ventana por la que veo caer las tardes y
amanecer todos los días, y machadiano irredento acepto que el “mañana no está escrito”. Aun desde aquí espero que quienes al “seu
pueblo son fidels” dejen las armas en los
rincones, como el arpa becqueriana, y comiencen a abrir las
puertas de las palabras. De derechos hablan todos, hablamos todos, todos, pero en este tiempo hay quienes pueden y deben usar su inteligencia y su experiencia para que no caigamos en la terrible melancolía de quienes sólo
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