Amigo el que yo más quería,
Venid al alba del día.
La dulce boca que a gustar convida
Un humor entre perlas destilado,
Y a no invidiar aquel licor sagrado
Que a Júpiter ministra el garzón de Ida.
En tanto que de rosa y azucena
Se muestra el color en vuestro gesto,
Y que vuestro mirar ardiente, honesto,
Enciende al corazón y lo refrena.
Las ranas en un lago cantaban et jugaban,
Cosa non las nucía, bien solteras andaban,
Creyeron al diablo que de mal se pagaban,
Pidieron Rey a Don Júpiter, mucho gelo rogaban.
Vivo sin vivir en mí,
Y de tal manera espero,
Que muero porque no muero.
Y aquellas que su casa Campo vieron volver, sus telas hierba,
A la deidad de Baco inobedientes,.
Piramidal, funesta, de la tierra
Nacida sombra, al Cielo encaminaba
De vanos obeliscos punta altiva,
Escalar pretendiendo las Estrellas;
Si bien sus luces bellas.
Hombres necios que acusáis
A la mujer sin razón,
Sin ver que sois la ocasión
De lo mismo que culpáis:.
Mientras por competir con tu cabello,
Oro bruñido al sol relumbra en vano;
Mientras con menosprecio en medio el llano
Mira tu blanca frente el lilio bello;.
Rojo sol que con hacha luminosa
Coloras el purpúreo alto cielo,
¿hallaste tal belleza en todo el suelo,
Que iguale a mi serena luz dichosa?
No me mueve, mi Dios, para quererte
El cielo que me tienes prometido,
Ni me mueve el infierno tan temido
Para dejar por eso de ofenderte.