A lo largo de esta larga época, la
tradición fue evolucionando desde la construcción de de
edificios separados de la
iglesia llamados baptisterios que albergaban
piscinas o grandes cubas a la inclusión del lugar del bautismo dentro de la propia iglesia, mediante
pilas más pequeñas. Originalmente, éstas pudieron ser -en algunos casos- de madera o incluso metal para ser reemplazadas posteriormente por otras de
piedra.