Querida Manuela, en primer lugar quiero decirte que no dudes que tenías una prenda, bermuda o pantalón corto, de ese
color, porque recuerdo, aúnque hace tanto tiempo, el momento:
Era entre últimos de julio y primeros de agosto, alrededores de
Santa Ana; la hora de la
siesta, yo estaba sentado en las losetas de granito de la
puerta de Rosalía Ferrero (q. e. p. d.), lugar habitual de descanso canicular de adolescentes y jóvenes del
barrio de la
Fuente, tú acompañada de tu primo "Juanillo el Grillo",
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