La procesión del Viernes Santo, casi siempre terminaba un poco apresuradamente, unos años a causa del agua y otros a causa de la mojadura de algunos penitentes que no respetaban el verdadero sentido de esas manifestaciones de religiosidad de un pueblo. Normal que el jarote se cabreara y me parece que con razón, sobre todo cuando nadie asistía obligado. Años despues a Murillo, también le fastidiaron alguna que otra procesión y me parece que los mismos o cercanos y por supuesto, otro jarote cabreado. ... (ver texto completo)