¡Vendo nubes de colores:
Las redondas, coloradas,
Para endulzar los calores!
Si la abeja se entra al lirio,
No se siente su aletear.
Cuando escondes a tu hijito
Ni se le oye respirar...
Me vuelve niños los sentidos;
Le busco un nombre y no lo acierto,
Y huelo el aire y los lugares
Buscando almendros que no encuentro...
Pienso en umbral donde deje
Pasos alegres que ya no llevo,
Y en el umbral veo una llaga
Llena de musgo y de silencio.
Una madrileña que os extraña.
Yo te miro, yo te miro
Sin cansarme de mirar,
Y qué lindo niño veo
A tus ojos asomar...
La maestra era alegre. ¡Pobre mujer herida!
Su sonrisa fue un modo de llorar con bondad.
Por sobre la sandalia rota y enrojecida,
Era ella la insigne flor de su santidad.
«¡Bella plata! ¡Qué brillo tan hermoso!»,
Dijo la dama, «¡viva el gusto y numen
Del petimetre en todo primoroso!».
Cerca de unos prados
Que hay en mi lugar,
Pasaba un borrico
Por casualidad.
Iba tocando mi flauta
A lo largo de la orilla;
Y la orilla era un reguero
De amarillas margaritas.
Cantan. Cantan.
¿Dónde cantan los pájaros que cantan?
Arriba canta el pájaro y abajo canta el agua.
(Arriba y abajo, se me abre el alma.).
Aprendí a montar en bicicleta,
Cuando no me llegaban
Los pies a los pedales,
A besar, cuando no me llegaban
Los pechos a la boca.
Muy pronto conseguí la madurez.
Un enjambre de pájaros metidos
en jaula de metal guardó un cabrero
y a cuidarlos voló desde el otero
la pareja de padres afligidos.
¡Tinieblas, más tinieblas!
S¢lo claro el afán.
No hay más luz que la luz
Que se quiere, el final.
Nubes y nubes llegan
Creciendo oscuridad.
Lo azul, allí, radiante,
Estaba, ya no está.
Se marchó de los ojos,
Vive sólo en la fe
De un azul que hay detrás.
Avanzar en tinieblas,
Claridades buscar
A ciegas. ¡Qué difícil!
Pero el hallazgo, así,
Valdría mucho más.