Cuando contemplo el cielo
De innumerables luces adornado,
Y miro hacia el suelo,
De noche rodeado,
En sueño y en olvido sepultado.
Al alba venid, buen amigo,
Al alba venid.

Amigo el que yo más quería,
Venid al alba del día.
La dulce boca que a gustar convida
Un humor entre perlas destilado,
Y a no invidiar aquel licor sagrado
Que a Júpiter ministra el garzón de Ida.
En tanto que de rosa y azucena
Se muestra el color en vuestro gesto,
Y que vuestro mirar ardiente, honesto,
Enciende al corazón y lo refrena.
Las ranas en un lago cantaban et jugaban,
Cosa non las nucía, bien solteras andaban,
Creyeron al diablo que de mal se pagaban,
Pidieron Rey a Don Júpiter, mucho gelo rogaban.
Vivo sin vivir en mí,
Y de tal manera espero,
Que muero porque no muero.
Y aquellas que su casa
Campo vieron volver, sus telas hierba,
A la deidad de Baco inobedientes,.
Piramidal, funesta, de la tierra
Nacida sombra, al Cielo encaminaba
De vanos obeliscos punta altiva,
Escalar pretendiendo las Estrellas;
Si bien sus luces bellas.
Hombres necios que acusáis
A la mujer sin razón,
Sin ver que sois la ocasión
De lo mismo que culpáis:.
Mientras por competir con tu cabello,
Oro bruñido al sol relumbra en vano;
Mientras con menosprecio en medio el llano
Mira tu blanca frente el lilio bello;.
Rojo sol que con hacha luminosa
Coloras el purpúreo alto cielo,
¿hallaste tal belleza en todo el suelo,
Que iguale a mi serena luz dichosa?
No me mueve, mi Dios, para quererte
El cielo que me tienes prometido,
Ni me mueve el infierno tan temido
Para dejar por eso de ofenderte.
Vemos las cosas como somos, no como son.
Solía ser indeciso, pero ahora ya no estoy tan seguro.
Unos dicen lo que saben, y otros saben lo que dicen.
Se arrepiente uno de lo que dice, pero no de lo que piensa.
Uno no hace amigos, los reconoce a medida que los encuentra.
Lo que hoy siente tu corazón, mañana lo entenderá tu cabeza.
Una gota de alegría es un charco de esperanza.
Lo complicado de la vida es descubrir lo simple que es.
Vive tu vida como te gustaría que tus hijos vivieran la suya.
¡Oh dulces prendas, por mi mal halladas,
Dulces y alegres cuando Dios quería!
Juntas estáis en la memoria mía,
Y con ella en mi muerte conjuradas.
Del rosal vengo, mi madre,
Vengo del rosale.

A riberas de aquel vado,
Viera estar rosal granado;
Vengo del rosale.