La guerra de Irak fue condenada por Juan Pablo II, haciendo uso de su libertad de opinión, porque los miembros de la
iglesia, como todo ciudadano y miembro de la comunidad, tienen derecho a opinar. Por tanto, no veo tan escandaloso si tiene sus preferencias políticas. Es su derecho, aunque se equivoquen como todo el mundo pueda hacerlo.
De todos modos no entiendo la actitud esa del perro del hortelano, que ni come ni deja
comer. La iglesia hoy no obliga a nadie a ir ni a participar, cada uno es
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