Museo arqueológico utensilios antiguos ollas
Quiero que todos me vean
Porque estoy desconsolada;
El amor que era mi vida,
La noche siempre lo apaga.
Yo puedo quererle siempre,
Si hace sol o no lo hace.
Pero, es un amor tan débil
Que necesita alumbrarse.
Le dije a la luz: no quiero
Que la noche me persiga.
Y la luz me contestó:
Lo imposible, no lo pidas.
A mi me canta en el pecho
Un pajaro ruiseñor.

A ti te canta en la boca
El beso que te doy yo.
¡Vendo nubes de colores:
Las redondas, coloradas,
Para endulzar los calores!
Si la abeja se entra al lirio,
No se siente su aletear.
Cuando escondes a tu hijito
Ni se le oye respirar...
Me vuelve niños los sentidos;
Le busco un nombre y no lo acierto,
Y huelo el aire y los lugares
Buscando almendros que no encuentro...
Pienso en umbral donde deje
Pasos alegres que ya no llevo,
Y en el umbral veo una llaga
Llena de musgo y de silencio.
Yo te miro, yo te miro
Sin cansarme de mirar,
Y qué lindo niño veo
A tus ojos asomar...
La maestra era alegre. ¡Pobre mujer herida!
Su sonrisa fue un modo de llorar con bondad.
Por sobre la sandalia rota y enrojecida,
Era ella la insigne flor de su santidad.
«¡Bella plata! ¡Qué brillo tan hermoso!»,
Dijo la dama, «¡viva el gusto y numen
Del petimetre en todo primoroso!».
Cerca de unos prados
Que hay en mi lugar,
Pasaba un borrico
Por casualidad.
Iba tocando mi flauta
A lo largo de la orilla;
Y la orilla era un reguero
De amarillas margaritas.
Cantan. Cantan.
¿Dónde cantan los pájaros que cantan?
Arriba canta el pájaro y abajo canta el agua.
(Arriba y abajo, se me abre el alma.).