Bordados a maquina realce, Antiguo
La oración es el encuentro de la sed de Dios y de la sed del hombre.
Aprueba a los buenos, tolera a los malos y ámalos a todos.
La soberbia no es grandeza sino hinchazón; y lo que está hinchado parece grande pero no está sano.
La sabiduría no es otra cosa que la medida del espíritu, es decir, la que nivela al espíritu para que no se extralimite ni se estreche.
Obedeced más a los que enseñan que a los que mandan.
El pasado ya no es y el futuro no es todavía.
No vayas fuera, vuelve a ti mismo. En el hombre interior habita la verdad.
Si dudo, si me alucino, vivo. Si me engaño, existo. ¿Cómo engañarme al afirmar que existo, si tengo que existir para engañarme?
Una vez al año es lícito hacer locuras.
Cuando rezamos hablamos con Dios, pero cuando leemos es Dios quien habla con nosotros.
Donde no hay caridad no puede haber justicia.
Da lo que tienes para que merezcas recibir lo que te falta.
Cuanto mejor es el bueno, tanto más molesto es para el malo.
Quien no ha tenido tribulaciones que soportar, es que no ha comenzado a ser cristiano de verdad.
Si precisas una mano, recuerda que yo tengo dos.