Esa imponente estructura que parece un
castillo es, en realidad, uno de los mejores ejemplos de las
iglesias fortificadas de las Islas
Baleares. Muros de defensa: Su aspecto austero, con gruesos e inclinados muros de mampostería, se diseñó específicamente en el siglo XIV para servir como
refugio y fortaleza para los habitantes de la zona ante los constantes ataques de los piratas berberiscos.
Ventanas saeteras: Los huecos o aberturas circulares visibles en la
piedra no solo daban un poco de luz al interior, sino que cumplían una función
militar estricta, permitiendo a los defensores avistar al enemigo y disparar armas o flechas de forma protegida. Evolución arquitectónica: Aunque originalmente consistía en una única nave de estilo sobrio, con el paso de los siglos se le fueron añadiendo
capillas laterales (como las de Benirràs y Rubió en el siglo XVI) y otros elementos que hoy en día completan este peculiar conjunto
monumental.