La espectacular pared que tienes enfrente está compuesta principalmente por
piedra caliza mesozoica. Es Vedrá no es un volcán ni una estructura aislada al azar; geológicamente, nació hace unos 155 millones de años debido a intensos movimientos tectónicos en la cordillera Bética. Con el tiempo, este bloque se fracturó y se separó de la isla principal de
Ibiza, quedando como este imponente testigo rocoso que alcanza casi los 400 metros de altura sobre el nivel del
mar. En tu
foto se aprecian perfectamente las texturas ásperas, las grietas verticales y los característicos tonos ocres y amarillentos de la caliza sometida a la salinidad, el viento y el oleaje. Si te fijas en la base (la zona oscura en contacto con el
agua), se nota la marca de la marea y la erosión constante del mar Mediterráneo, la cual va horadando la
roca y crea pequeñas cavidades y
grutas marinas a lo largo de todo su perímetro.