La inmensa pared de
roca que ves frente a ti está compuesta principalmente por
piedra caliza del Mesozoico, formada hace unos 155 millones de años debido a los movimientos tectónicos de la cordillera Bética. El islote se eleva majestuosamente hasta alcanzar casi los 400 metros de altura sobre el nivel del
mar. Las tonalidades claras y beige de la roca contrastan con la vegetación baja que logra aferrarse a las grietas de la piedra. En la parte central y superior de la gran masa rocosa puedes distinguir profundas hendiduras de erosión kárstica, así como oquedades y pequeñas cavidades. Estas
rocas albergan numerosas
cuevas marinas y terrestres. Históricamente, algunas de ellas sirvieron de
refugio; por ejemplo, el fraile carmelita Francisco Palau pasó largas temporadas de retiro espiritual en una
cueva de este islote durante el siglo XIX, lo que reforzó el aura mística del lugar.