BLIMEA (Asturias)

BLIMEA: Solo el señor de Buelga (Parroquia de Ciaño, en Langreo),...

Solo el señor de Buelga (Parroquia de Ciaño, en Langreo), no cejó su empeño, y poco a poco fue ganándose la simpatía y la complicidad del noble de Blimea, hasta que éste al fin, le otorgó la mano de su hija en matrimonio. Pero, como se verá a continuación, era ya, demasiado tarde.

Cierto día, llamo el padre a la hija, y le comunico la decisión de que se desposase con el señor de Buelga. Los ojos de la joven se ensombrecieron, y las lágrimas acudieron a ellos. Su padre, sorprendido y apenado por la reacción de la doncella, a la que adoraba mas que a su propia vida, y nunca quiso causar pesar alguno, le pregunto que el motivo de esa repentina angustia.

Florinda, aun con la voz ahogada por la emoción, pero firme y resuelta, confeso a su padre que su corazón ya lo había entregado a otro hombre, que era imposible desposarse con tan afamado pretendiente, ya que moriría de pena.

El anciano hidalgo quiso saber su nombre y si tenía un buen linaje, como correspondía a su hija, por la noble cuna en la que había nacido, quizá pensando que, tampoco sería tan grave cambiar a un novio por otro, ya que si el elegido de su hija tenia buena cuna, como era tradición en esos tiempos, preferiría poder hacer feliz a su hija, ante todo, otorgándole su deseo.

Pero la joven bajo los ojos, sin responder, y al padre se le heló el corazón. No podía ser. Su hija se había enamorado de un labriego. El buen hombre, tuvo un momento de debilidad y furia, ya que por propio egoísmo paterno, aspiraba para su hija un noble de gran prestigio y linaje. ¿Cómo iba a casarse su hija, su única heredera, con alguien que no perteneciese a la nobleza?

Un rugido se oyó por los pasillos del castillo: “ ¡¿Un villano?!”. Durante interminables minutos, podía oírse la voz del conde relatando toda clase de “lecciones” que daría a ese desgraciado que había osado enamorar a su hija.

Florinda, sorprendida por ver a su padre así, y con el miedo metido en el cuerpo, juro y perjuro que jamás le diría su nombre, y que primero se mataría antes de desposarse con otro que no fuera su amado. Y se encerró en un mutismo total.