Todos los aquí presentes (católicos incluidos) asistiríamos con cierta sonrisa de conmiseración si viesemos un ritual aimara, tolteca, batusi o zulú, pues para los que somos ateos una misa representa un espectáculo del mismo tipo, una farsa para alimentar espíritus pobres que necesitan de artificios para alcanzar la plenitud. Soy ateo y de dios me cachondeo.