Ninguna dinastía principesca consiguió jamás tantos éxitos matrimoniales como la
casa condal de
Barcelona. Todas las "novias de Europa", a lo largo de los largos siglos
medievales, se casaron con un conde de Barcelona, o, después de la unión de
Aragón y
Cataluña, con un monarca aragonés a la par "Comes Barchinonensis". Esas novias llevaron tan ricas dotes a sus esposos catalanes que, fuertes con ellas, pudieron asegurar la unidad del país bajo la supremacía de Barcelona, pudieron realizar su imperial
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