Su alimentación es muy variada y diferente según el hábitat ocupado. En zonas cultivadas las semillas y granos de cereales constituyen probablemente el 60-80 por 100 del total. En pueblos y ciudades comen más insectos de lo que parece y restos que hay en calles y plazas, muchos vegetales, pan, etcétera. Se ven a menudo gorriones con escolopendras y ciempiés que capturan entre la madera y las vigas de tejados y desvanes. La fruta no es despreciada y tampoco larvas, lombrices de tierra y arañas.
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El cortejo de los machos, que comienza pronto, es espectacular realmente. Varios de ellos trinan fuerte alrededor de una hembra que permanece como asustada, mientras aquéllos levantan sus picos manteniendo las alas abiertas, rozando el suelo con sus extremos y elevando la cola en abanico hasta que consiguen irritar a la hembra, que los dispersa picoteándolos. Curiosamente la confusión que se produce en estos cortejos es tanta que no hay forma de saber con qué macho se va a quedar la hembra cortejada y cuando ya está emparejada no es extraño que su macho corteje a otras hembras. Estas expresiones, con frecuencia seguidas de violencia, se pueden producir solamente entre varios machos sin que parezca que la causa de ellas sea la presencia de una hembra que no se ve en las proximidades. No está muy claro que en la Península Ibérica el número de machos sea superior al de hembras y en muchas zonas más bien se nota lo contrario. Esta situación parece presentarse en algunos países europeos con relativa frecuencia. Quizá los espectaculares cortejos en círculo de varios machos a una sola hembra y la general timidez de ésta atraigan la atención más sobre aquéllos y falseen las estimaciones.
Un abrazo. ... (ver texto completo)
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