No dudo que entre los agraciados que inunden Lúsera haya gente con sentido común e incluso alguno tenga conciecia de lo que eso supone para su entorno. Gente que tenga o pueda tener, a raiz de esto, conciencia de lo que supuso y supone aún hoy la despoblación de Aragón en la década de las 60. Ignoro cual será la imagen que, de un pueblo abandonado, pueda tener quien no haya visto como el paso del tiempo golpea el patrimonio y el hogar de gente que, por un motivo u otro, fueron expulsados de sus pueblos ... (ver texto completo)