María, que peligro los
caballos y personas unidas, me lo imagino y me da miedo.
Además, ahora mismo, tras haber visto la
calle, me pongo manos a la obra le escribo al Alcalde para que ponga un
funicular en el
pueblo, pues no vea con la cuesta, ahora entiendo lo de los culillos respingones.
Saludos, El Emigrao.