Ermita de San Ginés, con tres campanarios (foto antigua)
Hablas de que R y P es un impostor pero te pregunto yo¿no has sido tú el primer impostor al tratar de hacernos creer que eres de una forma y de que clamas al cielo por unas cosas que en realidad no son lo que crees?

Has criticado a los profesores, sus metodos de trabajo, te has mofado de todos con tus escritos estrafalarios y al final para qué, tal vez para llamar nuestra atención sobre tí, bien, ahora que lo has hecho ¿te consideras el palmero mayor del foro?, te pregunto desde mi ignorancia. ... (ver texto completo)
Lo siento, pero no me deja publicar la segunta parte de mi mensaje anterior, lo seguiré intentando.

El "amigo" de los maestros.
¿Es verdad lo de botas altas y su hijo?

¿Cómo es posible que se siga hablando de maestros y educadores cuando hay ladrones que no tienen castigo?
Buenos Tardes a mis "amigos" maestros (a pesar de que ellos no me consideran así), a los padres y madres palmeros o no, a todos los que leen en este foro y en especial a las Madres que, también con especial cariño y arropadas con el abrigo de la inocencia, guardan copias de algunas cartas ilustradas en este sitio:

Ante todo, permitidme mostrarme tal cual soy, no soy un talento en esta vertiente de la gramática, como es la escritura, pero tampoco soy tan malo como he aparentado en ocasiones anteriores, ... (ver texto completo)
Los comentarios de Resignación y Paciencia siempre son bonitos.

No entiendo que haya gente que no les gusten.

Sigue así que mucha gente seguira leyendolos.

Una Madre.
Para RESIGNACION Y PACIENCIA:

Es justo lo que hay que tener para aguantar tus comentarios.
Pareces un predicador americano, hablando mucho sobre un tema, pero confiando la solucion a lo divino o a un nuevo gobierno.
Todo tu sermon se simplifica en "actualidad" y responsabilidad de la comunidad educativa.
Estas tan centrado en "oirte" que no te das cuenta que repites lo que otros ya han dicho.

SALARIA.
Admirado maestro:

Debo confesarle que he tenido grandes vacilaciones sobre cómo llamarle. Temo que un grupo tristemente numerosos de nuestros compatriotas no lo reconozcan si me dirijo a usted con el venerable -y, antaño, muy respetado- nombre de maestro. O maestra. Usted sabe, mejor que nadie, que, cuando aún no levantan dos palmos del suelo, los niños suelen dirigirse a usted, con un milagroso resto de afecto y cariño, como mi seño... Pero, en cuanto alcanzan la estatura de un arbolico, eso se acabó: a partir de los cinco o seis años, usted, la maestra y el maestro, no son más que esa tía, ese tío. Y, con alarmante frecuencia, la descripción que su alumnado hace de su persona, su papel, su trabajo, su responsabilidad, es ésta: esa tía cab. . . Rona, ese tío cab. . . Rón... Descripción que, para mayor dolor y bochorno, quizá es la que han aprendido, respecto a usted, de sus propios padres.

Hoy y ahora, cuando en España tienen que airearse estadísticas tan deshonrosas para toda la sociedad como esa, recientísima, que confirma que dos de cada tres profesores sufren violencia física o verbal en los centros de ESO y Bachillerato, tal vez sea ya demasiado tarde para preguntarnos -todos- cómo hemos podido llegar a estos extremos infernales. Y es que el camino hasta ese Séptimo Círculo en el que usted es vejado, maltratado y menospreciado ha sido -en mi opinión- muy largo.

Comencemos, si le parece, por la autoridad. No por el poder, sino por la autoridad: es halo moral que genera, sin imposición alguna, el respeto y la credibilidad... A usted, admirado maestro, sus alumnos -con nobles excepciones-, ni lo respetan, ni lo creen: sus alumnos se burlan descaradamente de su persona y de sus enseñanzas; consideran que lo que usted hace y representa es un castigo, una molestia, un marrón del que tienen que librarse cuanto antes y como sea. Incluso, literalmente, a patadas. No creo que le sirva de consuelo, pero comprenda que la autoridad (y más aún, la autoridad moral) es algo que repele y que suena a cavernícola, anticuado, fanático e inquisitorial. De modo que no sólo es su autoridad, admirado maestro, la que los españolitos se pasan por el forro de las narices: también practican lo mismo con la autoridad de sus padres. Mal de muchos, epidemia, admirado maestro.

Para mí tengo que la tan lenta como inexorable agonía de la autoridad moral comenzó en las calles de París, en aquel mitificado Mayo del 68 en el que fraguó la ideología progresista dominante: está prohibido prohibir; nadie tiene autoridad sobre nadie porque nadie está en posesión de la verdad porque la verdad no existe; seamos salvajemente libres. Cualquier persona, institución, organización que pretendiese establecer un cierto orden -una cierta moderación en el comportamiento; una cierta disciplina para rectificar errores y fomentar virtudes- era un corsé que producía traumas irreversibles. Así que la autoridad, querido maestro, se arrumbó, en la teoría y en la práctica, en el desván de los trastos inútiles. Y hasta perniciosos para el normal desarrollo de la personalidad.

Entonces, ¿qué quedaba de su misión, admirado maestro?: la transmisión de saberes, algo más importante y decisivo que los meros conocimientos... Y es que, durante siglos, a los maestros se les encomendó -junto a la familia- la crucial misión de formar mentes y caracteres, de preparar para la vida cabezas y corazones. Pero, hoy, en estas sociedades utilitarias, prácticas, codiciosas, enviciadas con el triunfo rápido-sea-como-sea, ¿para qué tomarse esa colosal trabajera de educarse, aprender a ser personas de bien; controlar el carácter, el cuerpo y la cabeza? No vale la pena: eso no da dinero, ni éxito, ni placer inmediato.

De modo, admirado maestro, que no que le resta a usted más que la rutina, la aplicación ciega de unos sistema de enseñanza cambiantes y locuelos, el aburrimiento, la desmoralización, la depresión y las bofetadas...

Y nosotros, los que todavía creemos en la importancia esencial de su misión para las personas y las sociedades, nos negamos a perder toda esperanza. Porque todavía creemos que los buenos maestros y los buenos discípulos son la auténtica, inagotable e inapreciable riqueza de las naciones.

No se rinda, admirado maestro: vendrán otros tiempos, otras aspiraciones. Quizá, pronto, deseemos volar todos un poco más alto, menos rastreramente. Y, entonces, recuperará usted todo el respeto que merece y que yo, hoy, le envío.

RESIGNACION Y PACIENCIA. ... (ver texto completo)
Una de las causas de las faltas de ortografia se encuentra en la aversión por los escolares a la lectura, que les impide el contacto directo con las palabras.
Hay que desarrollar desde la escuela la motivación por la lectura, así como la selección de los textos adecuados a cada edad escolar.
Pero son los padres en su casa quien tienen que animar a sus hijos a la lectura y darles ejemplo desde ellos mismos.Los niños imitan las conductas de los padres, los educadores no pueden ir a las casas de ... (ver texto completo)
Las formas las tienen que inculcar los padres a los hijos, el profesor esta para enseñarle las materias de las asignaturas, y evidentemente también para culturizar y educar a los niños, pero la base de la educación se pone en la casa, es que es muy bonito hecharle el muerto a otro y culparlo.
Hola sbioteños:

Creo que el debate sobre la educacion de los niños es muy interesante y demuestra que los padres/madres y profesores/as de Sabiote se interesan mucho por la educacion de sus hijos y esto en si es lo mas importante.

Deberiamos zanjar el asunto porque es absolutamente imposible llegar a un acuerdo definitivo.

Desde luego lo que no es imposible es saber, cada uno en su fuero interno, cuales son sus obligaciones reales con respecto a la educacion de sus hijos.

CONCLUSION ... (ver texto completo)
Hola soy torreño pero me encanta sabiote es un pueblo precioso y su gente es muy amable

De un niño
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Buenas noches amigos.

Llevo un poco tiempo sin entrar en el foro pero si he visto que estáis liados con el tan llevado y traído tema de los profesores y los padres.

¿Cómo se os ocurre tocar un tema tan delicado y no avisarme? Ya sabéis que de mi estancia en la escuela se ha vertido mucha tinta sobre el papel y es que me ha pasado de todo con los profesores/as, algunas anécdotas son graciosas y vienen apropiadas porque también habéis comentado de las faltas de ortografía, os voy a contar algo ... (ver texto completo)
¿Crando? ¿y quién es real en este teatrillo? ¿.Paco?
La expresión se te ve el plumero, en este caso significa que esa persona está crando un personaje que no es real.
La expresión "se te ve el plumero", ¿qué significa?

Es verdad que es difícil escribir cometiendo faltas de ortografía cuando trabajas de encuadernador en la Real Academia de la Lengua Española.