No es la Naturaleza la que llena de vida
la aridez de los campos ni la aparente leña.
Es, sin duda, el amor, el canto a la belleza de las cosas,
el termómetro exacto de la razón suprema.
Ese ficticio ciclo que inventamos de la vida y la muerte
se rompe ante el sublime y constante equilibrio
de la esfera celeste,
Y vamos de pregunta en pregunta de un bonsai al firmamento,
desde la diminuta hoja al reloj de los tiempos ... (ver texto completo)
la aridez de los campos ni la aparente leña.
Es, sin duda, el amor, el canto a la belleza de las cosas,
el termómetro exacto de la razón suprema.
Ese ficticio ciclo que inventamos de la vida y la muerte
se rompe ante el sublime y constante equilibrio
de la esfera celeste,
Y vamos de pregunta en pregunta de un bonsai al firmamento,
desde la diminuta hoja al reloj de los tiempos ... (ver texto completo)