Admirado maestro:

Debo confesarle que he tenido grandes vacilaciones sobre cómo llamarle. Temo que un grupo tristemente numerosos de nuestros compatriotas no lo reconozcan si me dirijo a usted con el venerable -y, antaño, muy respetado- nombre de maestro. O maestra. Usted sabe, mejor que nadie, que, cuando aún no levantan dos palmos del suelo, los niños suelen dirigirse a usted, con un milagroso resto de afecto y cariño, como mi seño... Pero, en cuanto alcanzan la estatura de un arbolico, eso se acabó: a partir de los cinco o seis años, usted, la maestra y el maestro, no son más que esa tía, ese tío. Y, con alarmante frecuencia, la descripción que su alumnado hace de su persona, su papel, su trabajo, su responsabilidad, es ésta: esa tía cab. . . Rona, ese tío cab. . . Rón... Descripción que, para mayor dolor y bochorno, quizá es la que han aprendido, respecto a usted, de sus propios padres.

Hoy y ahora, cuando en España tienen que airearse estadísticas tan deshonrosas para toda la sociedad como esa, recientísima, que confirma que dos de cada tres profesores sufren violencia física o verbal en los centros de ESO y Bachillerato, tal vez sea ya demasiado tarde para preguntarnos -todos- cómo hemos podido llegar a estos extremos infernales. Y es que el camino hasta ese Séptimo Círculo en el que usted es vejado, maltratado y menospreciado ha sido -en mi opinión- muy largo.

Comencemos, si le parece, por la autoridad. No por el poder, sino por la autoridad: es halo moral que genera, sin imposición alguna, el respeto y la credibilidad... A usted, admirado maestro, sus alumnos -con nobles excepciones-, ni lo respetan, ni lo creen: sus alumnos se burlan descaradamente de su persona y de sus enseñanzas; consideran que lo que usted hace y representa es un castigo, una molestia, un marrón del que tienen que librarse cuanto antes y como sea. Incluso, literalmente, a patadas. No creo que le sirva de consuelo, pero comprenda que la autoridad (y más aún, la autoridad moral) es algo que repele y que suena a cavernícola, anticuado, fanático e inquisitorial. De modo que no sólo es su autoridad, admirado maestro, la que los españolitos se pasan por el forro de las narices: también practican lo mismo con la autoridad de sus padres. Mal de muchos, epidemia, admirado maestro.

Para mí tengo que la tan lenta como inexorable agonía de la autoridad moral comenzó en las calles de París, en aquel mitificado Mayo del 68 en el que fraguó la ideología progresista dominante: está prohibido prohibir; nadie tiene autoridad sobre nadie porque nadie está en posesión de la verdad porque la verdad no existe; seamos salvajemente libres. Cualquier persona, institución, organización que pretendiese establecer un cierto orden -una cierta moderación en el comportamiento; una cierta disciplina para rectificar errores y fomentar virtudes- era un corsé que producía traumas irreversibles. Así que la autoridad, querido maestro, se arrumbó, en la teoría y en la práctica, en el desván de los trastos inútiles. Y hasta perniciosos para el normal desarrollo de la personalidad.

Entonces, ¿qué quedaba de su misión, admirado maestro?: la transmisión de saberes, algo más importante y decisivo que los meros conocimientos... Y es que, durante siglos, a los maestros se les encomendó -junto a la familia- la crucial misión de formar mentes y caracteres, de preparar para la vida cabezas y corazones. Pero, hoy, en estas sociedades utilitarias, prácticas, codiciosas, enviciadas con el triunfo rápido-sea-como-sea, ¿para qué tomarse esa colosal trabajera de educarse, aprender a ser personas de bien; controlar el carácter, el cuerpo y la cabeza? No vale la pena: eso no da dinero, ni éxito, ni placer inmediato.

De modo, admirado maestro, que no que le resta a usted más que la rutina, la aplicación ciega de unos sistema de enseñanza cambiantes y locuelos, el aburrimiento, la desmoralización, la depresión y las bofetadas...

Y nosotros, los que todavía creemos en la importancia esencial de su misión para las personas y las sociedades, nos negamos a perder toda esperanza. Porque todavía creemos que los buenos maestros y los buenos discípulos son la auténtica, inagotable e inapreciable riqueza de las naciones.

No se rinda, admirado maestro: vendrán otros tiempos, otras aspiraciones. Quizá, pronto, deseemos volar todos un poco más alto, menos rastreramente. Y, entonces, recuperará usted todo el respeto que merece y que yo, hoy, le envío.

RESIGNACION Y PACIENCIA. ... (ver texto completo)
Gente como la del mensaje del 2006-12-07 15:01:18 dan pena. Seguro que eres la típica persona que defiende la utopía comunista o anarquista y que no ves mas alla de tus narices. Si quieres criticar algo, oponerte o protestar (lo cual me parece muy bien y es necesario) hazlo con clase y no te limites a este tipo de insultos penosos que lo único que hacen es ocupar espacio en el foro ya que son mensajes que caen en saco roto. Si lo que quieres es criticar algo al menos da las razones de tu crítica ... (ver texto completo)
Tres solteros tiene vilches, que no los tiene el mundo entero
Zacarias, baldomero, y el niño del ganaero.

Con cariño y respeto.
Te recuerdo que p.p., son las siglas del padre adoptivo de tu señor jesucristo, el cual en la edad media al poner Jose padre putativo en abreviatura, Jose p.p., se quedó con el sobrenombre de Pepe.
¿?¿alguien podria contarnos la historia de la casa palacio de begijar?¿?
Pedro soy de tu misms opinion referente al de la gorra .

YO.
Katy preciosa tu ya conoces mi forma de expresarme, Pues el comentario que te han puesto debajo te prometo que no he sido yo seguro que ha sido lamisma persona que firmó con tu nombre.asi que pasa de el.

YO.
Una de las causas de las faltas de ortografia se encuentra en la aversión por los escolares a la lectura, que les impide el contacto directo con las palabras.
Hay que desarrollar desde la escuela la motivación por la lectura, así como la selección de los textos adecuados a cada edad escolar.
Pero son los padres en su casa quien tienen que animar a sus hijos a la lectura y darles ejemplo desde ellos mismos.Los niños imitan las conductas de los padres, los educadores no pueden ir a las casas de ... (ver texto completo)
Las formas las tienen que inculcar los padres a los hijos, el profesor esta para enseñarle las materias de las asignaturas, y evidentemente también para culturizar y educar a los niños, pero la base de la educación se pone en la casa, es que es muy bonito hecharle el muerto a otro y culparlo.
Si vas a la misa del gallo, escucha con devoción.
Hinca la rodilla en tierra, y pides a Dios perdón.
Hola sbioteños:

Creo que el debate sobre la educacion de los niños es muy interesante y demuestra que los padres/madres y profesores/as de Sabiote se interesan mucho por la educacion de sus hijos y esto en si es lo mas importante.

Deberiamos zanjar el asunto porque es absolutamente imposible llegar a un acuerdo definitivo.

Desde luego lo que no es imposible es saber, cada uno en su fuero interno, cuales son sus obligaciones reales con respecto a la educacion de sus hijos.

CONCLUSION ... (ver texto completo)
Que saque los estatutos que hay que cambiarlos.
De esta plaza no protestan los caballeros 24?
Las cosas es muy facil decirlas y no demostrarlas, amiguete y mas en el anonimato.
Quisiera preguntar al Ayuntamiento una cuestión que me surgita una duda, y que entiendo que por proximidad debería respondérmela el Sr. Alcalde:

Se está realizando la demolición de la coop. De las mujeres, y el muro de la parte baja, que mira hacia la calle del Sr. Alcalde, se culminó hace unos cuatro o cinco años de piedra ( Lo hizo el amigo y convecino Ramoncillo el loco, el de las uralitas de las escuelas viejas, para su obra ilegal de la corona ), bueno, pero eso no viene al caso.

La piedra ... (ver texto completo)