Vaya por delante una aclaración de corte cospedaliano: no soy imparcial, soy madridista. Quizá un madridista atípico, pero madridista, al fin y al cabo. Me gusta que gane el Madrid y me irrita cuando lo hace su máximo rival, el Barça. Hasta ahí, ni el menor atisbo de excepcionalidad, ¿verdad? Sin embargo, hay algo más detrás de esta enfermedad crónica. Admiro la plasticidad del juego azulgrana, y envidio desde la frustración olímpica el modélico estilo que ha nacido en La Masía, y que Guardiola gestiona ... (ver texto completo)