JIMENA: . Claro que mi padre no estaba loco para traernos a...

. Claro que mi padre no estaba loco para traernos a vivir en semejantes condiciones, pero quizás por mi edad y quien sabe por qué otras razones, en ese momento yo no estaba lista para hacer esos análisis y el temor me tocó.
Bajé la mirada para continuar buscando a mi padre entre la gente, y … ¡SUSTO!... veo unos hombres trabajando en las faenas duras y propias del muelle, pero la razón de mi asombro era las características físicas de éllos: torsos sumamente musculosos y al desnudo, que dejaban al descubierto su piel muy oscura, con todos los rasgos propios de los habitantes oriundos del África. Hago un aparte aquí para aclarar, que este inocente asombro mío, de ninguna manera se debe interpretar como rechazo o menosprecio a la raza negra, pues jamás se anidó en mí, rechazo alguno por ninguna etnia, simplemente hablo de una jimenata que, en aquellos tiempos, sólo había visto esos rostros, bien en películas o algún libro, jamás en persona y mucho menos tan cerquiiiita., Después aprendí y entendí sobre la mezcla de razas que existió en este país, y supe que, en algunas regiones, la raza negra está más acentuada que en otras.
Aquel temor e inquietud crecía en mí, sólo se disipó cuando, de pronto…mi mamá, señalando con su dedo al frente, nos decía: “ ¡ahí está…, ahí está vuestro padre…, ahí...”, y efectivamente, ahí estaba él…, no muy diferente a como yo lo recordaba, la mayor diferencia la marcaba un sombrero que ya usaba para efectos de cubrir su incipiente calvicie.
Aún no podíamos bajar del barco, y mientras seguíamos en cubierta, mis padres trataban de hablarse algo. Lo que más recuerdo es que mi padre preguntaba, insistentemente, “ ¿quién es More? “. Esta pregunta tenía lógica, pues More, mi hermana menor, nació 3 meses después que mi padre saliera de Jimena, y para aquel entonces, las comunicaciones no eran nada parecido a lo que son ahora. En aquellos tiempos se dependía de alguna foto enviada en la correspondencia y ésta era muy lenta para llegar al destinatario. De cualquier manera, mi padre no tuvo la suerte de seguir el desarrollo de mi hermana y por lo tanto le era bastante desconocida.
Continuábamos en cubierta, muy impacientes por bajar y abrazarnos, cuando… ¡SORPRESA…! ahí estaban también otros rostros conocidos y muy queridos: Nany Molina, junto a sus hermanos Juán Rafael y Katy (q. e. p. d. ambos), por supuesto también se encontraba allí, Agustín Molina, pues como recordarán muchos, Agustín, junto con su hermano Diego y el hijo de éste último, Juán Rafael, se habían venido a Venezuela en el mismo viaje que hizo mi padre. Luego, un año antes de nuestro viaje, se vinieron: Dolores con sus hijas, Isabelita, Katy, Nany y Rafaela.