JIMENA: Una leyenda sevillana de mediados del siglo pasado...

Una leyenda sevillana de mediados del siglo pasado cuenta que recién terminada la Guerra Civil, cuando Francisco Franco se alojó por primera vez en el Real Alcázar, una noche, por uno de los jardines, se cruzó con Joaquín Romero Murube, que era el conservador del colosal palacio, cargo que ocupó desde 1934 hasta su fallecimiento, acontecido el 15 de noviembre de 1969; el mítico poeta falangista iba acompañado de otro hombre, y en la semipenumbra del recinto los tres se dieron educadamente las buenas noches, continuando cada mochuelo el camino hacia su respectivo olivo.
Y lo singular, lo fundamental de la leyenda, no fue ni el cruce ni las buenas noches, no; lo fundamental y singular fue que el acompañante de Joaquín era el igualmente poeta, pero comunista y perseguido, Miguel Hernández, a quien había escondido en el Real Alcázar en la huida del orcelitano hacia la frontera con Portugal, que llegó a cruzar, pero no sirviéndole de nada porque la policía de Salazar lo detuvo y entregó a las autoridades españolas de entonces.
Y aunque lo de las «buenas noches» de Franco no esté contrastado, lo que sí lo está es el cobijo que Hernández recibió por parte de Romero Murube,