2.1. La subsistencia
Dentro del marco de escasez generalizada en este período la situación económica de Jimena es de pobreza absoluta para la gran mayoría. Así lo testimonian los numerosos ciudadanos que se dirigen al Ayuntamiento para solicitar su admisión en la lista de la beneficencia: enfermos que no pueden comprarse medicamentos, viudas con hijos que no saben cómo van a seguir adelante, ancianos que ven cómo se desploman sus cuevas, etc. Es el caso de Catalina Latorre Muñoz, vecina pobre de la beneficencia. Según refieren las actas, su situación era la siguiente: su marido estaba enfermo de cáncer y desahuciado por médicos y hospitales, carecía de medios para alimentarse y su hijo de 17 años se encontraba parado; a lo que el Ayuntamiento responde: “ la Corporación haciéndose cargo de tan lamentable desgracia y animado de su alto espíritu de humanidad, acuerda ver la forma de proporcionarle trabajo al hijo del enfermo, y que cuando éste no encuentre amparo, sea socorrida la familia con 5 pesetas” (Nota 7). Los criterios para poder ser acogidos en la Beneficencia, que asistía con un vaso de leche y alguna medicina, no eran en exclusiva económicos, sino también político-ideológicos. A Francisca García López se le rechazó su solicitud por no estar casada legalmente (Nota 8). La Beneficencia se convirtió en el último recurso de los pobres por lo que los gastos municipales se dispararon. En la sesión de 12 de mayo de 1949 el Ayuntamiento acuerda por unanimidad reducir el gasto en medicinas y comunica a los médicos de la asistencia pública que “no se salieran en sus recetarios de lo que autoriza el petitorio reglamentado, sin excepción de ninguna clase” (Nota 9).
Según Michael Richards, en su obra Un tiempo de Silencio (Nota 10), esta miseria cotidiana característica del primer franquismo (Nota 11) habría sido una opción voluntaria del régimen con la que pretendía remachar la sumisión social de los vencidos y establecer un poderoso sistema de control político utilizado por el poder en sentido coactivo.
Dentro del marco de escasez generalizada en este período la situación económica de Jimena es de pobreza absoluta para la gran mayoría. Así lo testimonian los numerosos ciudadanos que se dirigen al Ayuntamiento para solicitar su admisión en la lista de la beneficencia: enfermos que no pueden comprarse medicamentos, viudas con hijos que no saben cómo van a seguir adelante, ancianos que ven cómo se desploman sus cuevas, etc. Es el caso de Catalina Latorre Muñoz, vecina pobre de la beneficencia. Según refieren las actas, su situación era la siguiente: su marido estaba enfermo de cáncer y desahuciado por médicos y hospitales, carecía de medios para alimentarse y su hijo de 17 años se encontraba parado; a lo que el Ayuntamiento responde: “ la Corporación haciéndose cargo de tan lamentable desgracia y animado de su alto espíritu de humanidad, acuerda ver la forma de proporcionarle trabajo al hijo del enfermo, y que cuando éste no encuentre amparo, sea socorrida la familia con 5 pesetas” (Nota 7). Los criterios para poder ser acogidos en la Beneficencia, que asistía con un vaso de leche y alguna medicina, no eran en exclusiva económicos, sino también político-ideológicos. A Francisca García López se le rechazó su solicitud por no estar casada legalmente (Nota 8). La Beneficencia se convirtió en el último recurso de los pobres por lo que los gastos municipales se dispararon. En la sesión de 12 de mayo de 1949 el Ayuntamiento acuerda por unanimidad reducir el gasto en medicinas y comunica a los médicos de la asistencia pública que “no se salieran en sus recetarios de lo que autoriza el petitorio reglamentado, sin excepción de ninguna clase” (Nota 9).
Según Michael Richards, en su obra Un tiempo de Silencio (Nota 10), esta miseria cotidiana característica del primer franquismo (Nota 11) habría sido una opción voluntaria del régimen con la que pretendía remachar la sumisión social de los vencidos y establecer un poderoso sistema de control político utilizado por el poder en sentido coactivo.